OPINIÓN: Alexandre Muns
Durante el último año hemos asistido al lamentable espectáculo protagonizado por un Gobierno que atribuye la culpa de la crisis a terceros -el sector financiero de EEUU y, ahora, la banca española-,que es incapaz de asumir sus errores y de desplegar un verdadero plan para enfrentarse a la peor recesión que vive España desde 1992-93.
España, con uno de los déficit por cuenta corriente más elevados del mundo, no está en condiciones de aprobar un programa ambicioso de estímulo fiscal. Esa tarea recae en países no endeudados como Alemania y China, y también en Estados Unidos, donde el paquete de 819.000 millones de dólares -a pesar de contener algunas partidas de gasto innecesario- es imprescindible para cortar, mediante la construcción de infraestructuras, inversiones en eficiencia energética y energías renovables, la hemorragia de destrucción de empleo (1,7 millones de puestos de trabajo en los últimos tres meses) de la primera potencia económica.
Sin embargo, en España se debe adoptar una serie de reformas que no implican un incremento sustancial del gasto público pero exigen coraje político. No se puede postergar la reforma del mercado de trabajo que, con su dualidad, está contribuyendo a que España haya registrado retrocesos anuales en su productividad desde 1997. Hay que atreverse a liberalizar los horarios comerciales para que las familias no endeudadas sigan consumiendo, como pide el presidente Zapatero. España continúa siendo el farolillo rojo de la OCDE en días necesarios (47) para crear una empresa. Asimismo, hay que potenciar el aprendizaje de idiomas, invertir más en I+D+i, acometer una verdadera reforma del sistema educativo y judicial, racionalizar la jornada laboral y la distribución de días festivos en el calendario. ¿Cómo se puede pedir un esfuerzo adicional y encima optimismo -el último argumento del Gobierno- a los trabajadores, empresarios y bancos cuando se dispara el desempleo y se hunde la producción industrial?
Afortunadamente, en sectores como las energías renovables, la biomedicina, las tecnologías de información y comunicación (TIC), la construcción y gestión de infraestructuras de transporte o la logística, muchas empresas españolas están triunfando y propiciando el imprescindible cambio de modelo de crecimiento económico. La sociedad española es dinámica, emprendedora y cuenta con una fuerza de trabajo joven, bien formada y preparada. Si la localidad de Benavente (Zamora) ha aumentado su población de 11.000 a 20.000 desde 1960 mediante la construcción de un centro logístico con cuatro naves, mientras la provincia de Zamora perdía aproximadamente la mitad de su población en el mismo período, ¿acaso alguien duda de que la octava potencia económica mundial no pueda superar la actual crisis? Pero la salido sólo será posible si los miembros del Gobierno dejan de discutir acerca de los culpables de la crisis y toman las medidas realmente necesarias.
*Profesor Escola Superior de Comerç Internacional (UPF)
Artículo publicado en el diario Expansión (Ed. Catalunya) el 10 de febrero de 2009